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Munir, artista comprometido con el mundo que le rodea y preocupado
por la condición del ser humano, nos presento una obra ante todo
conceptual, sirviéndose de la abstracción para reflejar la angustia
existencia, el vacío, el sufrimiento y la lucha de hombre con su
entorno.
Artista de gran versatilidad, utiliza diferentes tipos de
soportes y técnicas. Prefiere la pintura acrílica que aplica tanto
sobre lienzo como sobre papel y cartón. También se sirve de collage,
mezclando la pintura con fotografías en blanco y negro de fuerte
contenido social. Sin olvidarnos de grabado en el que, como en el
resto de sus trabajos, adquiere protagonismo la fusión del arte con
lo emocional. Sus cuadros se presentan en forma de dípticos en los
que se enfrentan dos universos formales bien diferenciados.
En uno,
un testimonio documental de forma fotográfica en blanco y negro, nos
transmite un intenso sentimiento de soledad. En el otro, el gesto
vivaz da forma a grafismos, garabatos, círculos, elipses...,
pinceladas sueltas y poderosas que salpican la obra con colores
intensos que se enfrentan y contraponen con la sobriedad anterior,
formas tortuosas y a veces violentas que nos hablan de
desesperación, símbolos herméticos en los que se escucha el grito de
Munir. Nos encontramos ante la traducción plástica de los
sentimientos del artista. Nos abre la puerta para compartir con
nosotros su ira y su preocupación ante la injusticia. Munir
reacciona y nos provoca mediante una plástica plagada de
interrogantes y símbolos. Nos empuja hacia la contradicción, ¿cómo
podemos encontrar belleza en medio de tanto desasosiego? ... y es
ahí cuando nos hace reaccionar, pues descubrimos entre sus colores y
pinceladas que Munir rasga, araña, mancha y estampa con furia la
pintura sobre esos fondos opacos e impenetrables. Fondos que se nos
muestran como una barrera infranqueable, un símbolo de la impotencia
que experimenta el ser humano ante el horror que le rodea. Esos
fondos son un muro contra el que arrojamos toda nuestra ira.
La obra
de Munir nos invita a la introspección y nos aleja de la
indiferencia y la pasividad. Nos presenta el arte como elemento de
reflexión y rebeldía.
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